Hola Jorge, ¿cómo te va? Sí, sentate. ¿Cómo estás? Bueno, te parecerá raro que te haya llamado así de improviso...; necesito hablarte. ¿Pedís un café? Dos, por favor, gracias. Te decía..., tengo que hablarte de algo que ciertamente te va a sonar un poco extraño. Al principio quizá lo tomes con un poco de humor, y mejor si es así, pero tenés que saber que no estoy bromeando. Voy a tratar de ser lo más directo posible, porque es la única manera de que entiendas que no intento tomarte el pelo ni quiero faltarte el respeto. Jorge, bueno, te lo tengo que contar..., y quiero que sepas que esto es algo que nunca dije a nadie... Dadas las circunstancias, creo que lo tenés que saber, porque ocurre que ha comenzado a involucrarte directamente. Aquí va: veo gente muerta. Así es, veo gente muerta, Jorge, y te ruego que escondas esa risita, porque estoy siendo totalmente serio. Sí, lo sé, entiendo..., me ocurre lo mismo que al personaje del film ‘Sexto Sentido’, y no creas que eso ha pasado desapercibido para mí. Esa película produjo una impresión profundísima en mi alma, pues creí que a alguien más le sucedía esto, pero no. Busqué, intenté ponerme en contacto con los guionistas, me enloquecí... Finalmente encontré que todo era una fatal casualidad, una historia, una ficción, surgida de la cabeza de un creativo, un productor de películas de Hollywood. Hasta donde yo sé, nadie, nadie en el mundo, comparte esta extraña condición conmigo. Soy el único al que le ocurre esto.
Hasta aquí podés considerarme un loco, y sé que te cuesta creer que te esté diciendo estas palabras. Pero si te lo cuento es justamente porque sé que vos me apreciás, que me vas a escuchar. Y por favor te pido, por favor escuchame, porque todavía hay más. Veo gente muerta, sí, es cierto, pero pasó algo que tenés que saber. Entendeme que no te quiero faltar el respeto... Lo que te voy a decir es fuerte, y primero, en realidad, tengo que preguntarte si estás dispuesto a escucharlo. ¿Querés escuchar lo que tengo para decirte Jorge? Tu vida va a cambiar, mucho de lo que creés sobre muchos temas se va a conmover... Tenés que saberlo. Decidilo. ¿Querés que te cuente lo que sé? ¿Sí? Bueno, por favor prestame atención entonces, y no te pongas mal. No te enojes conmigo, no te estoy tomando el pelo. Jorge, escuchame, ¿estás listo?... Jorge: hablé con tu viejo. Sí, así es. Por favor te pido, no creas que estoy bromeando. Me contacté con tu padre, o mejor dicho, él se puso en contacto conmigo. Hablamos un rato largo. No importa, nada de eso importa. Lo importante es que él me pidió que te diera un mensaje. Esa es mi tarea. Si te cuento todo esto es simplemente para transmitirte lo que tu padre me dijo. No, por favor te pido, no te enojes conmigo. Sé que esto no es gracioso, y puedo demostrarte que intento ser completamente serio. Por favor escuchame, escuchá lo que tu padre me pidió que te dijera. Me dijo: ‘Decile a Jorge que la moneda sigue estando debajo de la baldosa floja en el patio de la casa de la abuela. Ahí está y ahí estuvo siempre. Nunca la regalé, nunca la vendí, y todo lo que hice lo hice por su bien. Decile que siempre lo quise, decile que siempre estuve orgulloso de él, y que me perdone la escena del museo, yo no sabía que para él era tan importante ese viaje, y no sabía que podía llegar a quererse un hijo tanto como yo lo quise a él’. Esas fueron sus palabras. Después se esfumó, como suele ocurrir, y no apareció nunca más.